La Torre de la Parada: caza, arte y realeza

Fuente: El Pardo
Contenido revisado por el equipo de Corsini Hunts, con más de 45 años de experiencia en la tradición cinegética española. La Finca La Flamenca conserva una herencia de caza ligada a la historia más emblemática del país, presente hoy en cada uno de sus ojeos.
Última actualización: mayo de 2026
Hay lugares donde la caza deja de ser únicamente un día en el campo y se convierte en cultura, memoria y belleza. En España, pocos símbolos expresan esa unión con tanta fuerza como La Torre de la Parada, el antiguo pabellón de caza situado en el Monte de El Pardo, a las afueras de Madrid, muy cerca del Palacio Real de El Pardo.
Fue concebida como un lugar de descanso para las cacerías de la corte. Un refugio regio, apartado del ruido del poder, donde el silencio del monte, los perros, los caballos y la espera formaban parte de un ritual profundamente español. En el siglo XVII, Felipe IV la transformó en uno de los proyectos artísticos más fascinantes de su reinado, encargando una extraordinaria decoración pictórica en la que participaron grandes nombres como Rubens y Velázquez. El Museo del Prado conserva y documenta la importancia de aquel conjunto, en el que Rubens diseñó una gran serie mitológica para decorar el pabellón.
Este lugar nos recuerda algo esencial: en España, la caza nunca ha sido solo campo. Ha sido también arte, conversación, hospitalidad, nobleza rural y una manera de mirar la naturaleza con respeto.

Fuente: Museo del Prado
La Torre de la Parada: el pabellón de caza de un rey
Felipe IV, gran amante de la caza, encontró en El Pardo un escenario perfecto para sus cacerías. El Monte de El Pardo era —y sigue siendo— uno de los paisajes históricos más ligados a la realeza española. Allí, el pabellón servía como alto en el camino: un lugar para detenerse, comer, reunirse y dejar que el día respirara.
Entre 1635 y 1640, el edificio se convirtió en mucho más que un refugio cinegético. Fue un pequeño universo artístico en pleno monte. Rubens recibió el encargo de crear decenas de pinturas mitológicas inspiradas en las Metamorfosis de Ovidio, mientras otros artistas flamencos trabajaban en escenas de animales y caza. Velázquez también contribuyó al conjunto, reforzando ese puente único entre la caza española y la gran pintura europea.
Aquella construcción, nacida para acompañar días de caza, acabó convertida en una de las expresiones más refinadas del Barroco español.
Cazar en España: una tradición viva
Hoy, siglos después, la caza en España mantiene esa mezcla de emoción, técnica y tradición que fascinó a reyes, artistas y viajeros. No es casualidad que España sea uno de los grandes destinos cinegéticos de Europa. La actividad cinegética moviliza vida rural, conservación, hostelería, turismo y cultura. Según el estudio de la Fundación Artemisan, la caza generó en España un impacto de más de 10.190 millones de euros de PIB y ayudó a mantener 199.000 puestos de trabajo en 2023. Además, el 25,4% de los ingresos de los organizadores de cacerías procede de cazadores extranjeros, una cifra que confirma el enorme atractivo internacional de la caza española.
Para el cazador internacional, venir a España no es solo viajar para cazar. Es entrar en un país donde la caza está ligada al paisaje, al arte, a la gastronomía y a una forma de hospitalidad que se vive con calma, elegancia y autenticidad.
La Flamenca: donde el día de caza se vuelve recuerdo
En Corsini Hunts, sentimos que un buen día de caza debe tener alma. Y en La Flamenca, cada cacería parece escrita para quedarse en la memoria.
La mañana empieza con esa luz dorada del campo español, cuando todavía hay silencio y todo está por suceder. Después llegan los puestos, los perros, el vuelo rojo de la perdiz, la emoción limpia del lance y esa concentración que solo conoce quien ha vivido un día de caza de verdad. Pero lo que hace singular a La Flamenca no termina en el campo.
La Flamenca tiene algo difícil de explicar y fácil de recordar: una mezcla de casa, tradición, elegancia y alegría. Es el lugar donde el día se cuenta de nuevo alrededor de la mesa; donde cada lance encuentra su anécdota, cada cazador su copa, y cada invitado siente que forma parte de una historia más antigua que él.
La cocina acompaña esa emoción con platos que hablan el mismo idioma que el campo: ensalada La Flamenca con perdiz escabechada, pochas con perdiz, alubias rojas con codornices, perdices estofadas con setas y zanahoria baby, carnes nobles, guisos, vinos y postres de sobremesa larga. El propio menú de La Flamenca celebra el vínculo entre vino y perdiz, recordando que en las cacerías de perdices el vino acompaña "el silencio tras el día de caza" y celebra el buen lance junto al fuego.
Y ahí está la magia: en La Flamenca, la caza no termina cuando termina la cacería. Continúa en la conversación, en la chimenea, en el vino, en la mesa y en esa sensación de haber vivido algo verdaderamente español.
La perdiz roja: el corazón del campo español
Pocas especies representan mejor la caza española que la perdiz roja. Brava, rápida, noble y bellísima, exige atención, temple y respeto. Su vuelo es parte de la memoria sentimental de muchos cazadores europeos y americanos que sueñan con España como destino de caza.
La gestión de los terrenos dedicados a la caza comercial de perdiz roja también puede desempeñar un papel relevante en la conservación. Un informe sobre terrenos cinegéticos de perdiz roja señala que estos espacios, cuando cuentan con hábitat bien conservado, alimento, agua y menor interferencia humana, pueden favorecer una mayor diversidad de aves y mamíferos, así como la presencia de especies emblemáticas. El estudio describe estos cotos como auténticas "islas de conservación".
Esa es una de las grandes verdades de la caza bien entendida: cuando se gestiona con respeto, conocimiento y pasión, el campo vive.
¿Por qué con Corsini Hunts?
La Torre fue un lugar donde la realeza española cazaba, descansaba y se rodeaba de belleza. La Flamenca, con otro lenguaje y en otro tiempo, conserva esa misma idea: la caza como una experiencia completa, donde el campo se une al arte de recibir.
En Corsini Hunts no organizamos solo días de caza. Creamos cacerías con carácter. Días en los que el cazador internacional descubre una España íntima, elegante y verdadera: la España de la perdiz roja, de la mesa bien puesta, del vino compartido, del monte al amanecer y de la conversación al caer la tarde.
Porque cazar en España es mucho más que abatir una pieza. Es entender una tradición. Es sentir un paisaje. Es entrar, aunque sea por un día, en una historia que viene de muy lejos. Y en La Flamenca, esa historia se vive con entusiasmo, con belleza y con el sello inconfundible de Corsini Hunts.



