Acaba la temporada con gran éxito en La Flamenca

Hay temporadas que se recuerdan por los números, y otras por algo mucho más difícil de conseguir: el carácter.
Esta ha sido una de esas temporadas en La Flamenca.
Quienes han cazado aquí lo saben. La diferencia no está solo en el paisaje, en la organización o en la hospitalidad, sino en algo mucho más importante: en la manera de volar de las perdices. En su bravura. En esa fuerza con la que arrancan, en cómo rompen el aire, en cómo obligan al cazador a estar sereno, colocado y fino. No son perdices que se entregan; son perdices que exigen. Y precisamente por eso dejan memoria.
La perdiz, el ojeo y una forma propia de entender la caza
En España, la perdiz roja sigue siendo la pieza de caza menor más emblemática y la más valorada por los cazadores, mientras que el ojeo ocupa un lugar central dentro de nuestras modalidades tradicionales.
En La Flamenca, ese legado se vive con una personalidad propia: ojeos con emoción verdadera, con ritmo, con sentido del terreno y con una presentación de las perdices que busca parecerse, lo más posible, a una gran cacería de perdiz salvaje.
La técnica de Javier Corsini: naturalidad, inteligencia y verdad
Ahí está, precisamente, una de las claves de esta casa: la técnica de Javier Corsini. Su manera de entender el campo, de leer cada mano, cada querencia, cada paso, cada altura y cada distancia, convierte los ojeos de La Flamenca en algo singular.
Aquí no se trata solo de mover perdices. Se trata de colocarlas con inteligencia, de dar naturalidad al lance y de conseguir que cada puesto sienta que está delante de una caza con verdad. Ese matiz es el que separa un día de caza correcto de un día de caza inolvidable.
Una personalidad que se construye durante todo el año
La personalidad de esta finca no nace de una idea improvisada, sino de una forma de hacer las cosas. De cuidar el campo, de respetar los tiempos, de entender que una gran cacería no depende únicamente del día señalado, sino de todo el año.
La literatura venatoria española siempre ha sabido que la auténtica nobleza de la caza está en lo que la rodea: el silencio del campo, la observación, la espera, el conocimiento del viento, la línea y el temple. Como escribió José Ortega y Gasset, “la caza es todo lo que se hace antes y después de la muerte del animal”. Esa es la tradición que inspira nuestra manera de estar en el terreno, sin necesidad de nombrarla para reconocerla.
Y la caza, además de su dimensión deportiva, sigue siendo en España una realidad cultural, rural y medioambiental de enorme peso.
La prueba definitiva del valor de La Flamenca
Hubo además un momento que, para nosotros, dejó una prueba especialmente clara de quién es La Flamenca. Cuando se prohibió la suelta de aves en la Comunidad de Madrid, la única orgánica que siguió cazando fue esta finca.
Para quienes conocen de verdad el campo, aquello no fue una casualidad ni una excepción: fue la confirmación de algo esencial. Nuestras perdices no estaban pendientes de una solución de última hora; estaban ya en el campo. Y eso, en un mundo donde se habla mucho, pero no siempre se demuestra, tiene un valor incuestionable.
Caza, conservación y biodiversidad
Esa autenticidad conecta también con algo más grande. Los estudios sobre caza sostenible y biodiversidad muestran que los terrenos dedicados a la gestión de la perdiz roja pueden aportar alimento, agua y refugio, sostener una mayor diversidad de aves y mamíferos y actuar como verdaderas “islas de conservación”.
Un informe científico sobre caza comercial de perdiz roja en España concluye precisamente eso: más especies presas, más depredadores especialistas, más diversidad y un efecto positivo que se irradia al conjunto de la comarca. Además, recuerda que gran parte del conocimiento científico sobre caza comercial y conservación se ha desarrollado en el Reino Unido, algo especialmente relevante para el lector británico.
La importancia de la caza para el mundo rural
También por eso la caza bien hecha sigue siendo importante para el mundo rural. El impacto socioeconómico del sector en España supera los 10.000 millones de euros de PIB, mantiene 199.000 puestos de trabajo y genera una actividad que impulsa directamente el turismo, la hostelería y el empleo local.
Los organizadores de cacerías, además, reciben una parte significativa de sus ingresos de cazadores extranjeros, lo que confirma el peso internacional de España como destino cinegético.
Lo que hace inolvidable una temporada
Pero, por encima de todo, el éxito de esta temporada en La Flamenca no se explica con estadísticas. Se explica con la sensación que queda al final del día. Con el comentario compartido al bajar del coche. Con el recuerdo de una perdiz que vino alta, franca y rápida. Con esa mezcla de exigencia, belleza y verdad que hace que una cacería merezca ser contada.
Eso es lo que ha vuelto a ocurrir esta temporada en La Flamenca.
Y eso es, seguramente, lo que hace que tantos quieran volver.



